Mi presente consciente- parte 1
Cuando el cuerpo toma la palabra
Gloria Estefania Leandro Campos
1/8/20262 min read
Un proceso abierto...
Después de un proceso largo, lleno de caminos distintos para llegar a donde quería, hace aproximadamente seis meses me di cuenta de que algo en mí había cambiado.
Fue como si, de repente, todo empezara a brillar de un color especial. Me sentía bien, completa, al cien por cien.
Había llegado el momento de dejar de evitar ciertos sitios y fiestas. Ya no tenía miedo a una recaída por un reencuentro. Cuando volví a salir sin limitarme, sin esquivar encuentros, me di cuenta de algo inesperado: todavía había en mí un bloqueo personal, una inseguridad a la hora de moverme en el exterior.
Y eso me descolocó.
Porque después de todo el trabajo interno que había hecho, había conseguido sentirme fuerte, en paz conmigo misma, segura de quién soy. Todo se había acomodado por dentro, sin hacer ruido, sin darme cuenta.
El bloqueo ya no estaba dentro.
Y entendí que tenía que comenzar otro proceso distinto, nuevo… aunque en ese momento no sabía por dónde empezar.
Un viaje como intento de desbloqueo
En octubre de 2025 decidí hacer un viaje. Uno especial. Alquilé una camper y me fui diez días a recorrer el País Vasco francés. Otro país, otro idioma, otras carreteras.
Pensé que ese viaje me desbloquearía, sí o sí.
Volví renovada. El cambio de ritmo, la soledad elegida, el movimiento constante… todo eso me sentó bien. Pero el bloqueo seguía ahí. No era el mismo: había cambiado de forma, pero seguía presente.
Pasé una semana dándole vueltas, preguntándome cómo superarlo. Hasta que un día apareció una palabra clara, casi sin pensarla: bailar.
Cuando el cuerpo entiende antes que la cabeza
Siempre me ha gustado bailar. Siempre. Pero por circunstancias de la vida y por decisiones que, poco a poco, me fueron alejando de mí misma, nunca había aprendido de verdad. Nunca me había permitido hacerlo desde el cuerpo, sin juicio, sin miedo.
A finales de ese mes probé una clase de bachata. Y me encantó.
Algo se encendió al instante.
Desde entonces llevo casi tres meses bailando, y en enero empecé también clases de salsa.
Cada día que pasa me suelto un poco más. El miedo se hace pequeño, la rigidez se afloja y aparece el disfrute.
Volver a mí, pero diferente
Este mes, cuando he salido a bailar, me recuerdo a mí misma cuando era adolescente, cuando no me perdía una fiesta y bailaba toda la noche. A mi manera. Un poco loca. Sin técnica, pero con alma.
Hoy vuelvo a encontrarme ahí. No igual, sino más consciente. Más presente.
Y cada día que pasa, mientras bailo, me enamoro un poco más de mí.
