Mi presente consciente- parte 4
Días de ajuste
Gloria Estefania Leandro Campos
1/29/20262 min read
Justo cuando siento que estoy en un lugar firme, la vida empieza a moverse.
Estoy iniciando una etapa importante. Una decisión grande, pensada, profundamente alineada conmigo. De esas que marcan un antes y un después. Cuando das un paso así, algo interno se reorganiza, aunque por fuera todo parezca igual.
Y casi al mismo tiempo, varias cosas se activaron.
En apenas 48 horas, todo se movió.
Reaparecieron personas del pasado.
Se removieron dinámicas familiares.
Y un susto inesperado hizo que mi cuerpo entrara en alerta.
Y hoy… me siento rara.
No triste.
No desbordada.
Rara.
Como si algo por dentro estuviera buscando su nuevo lugar.
A veces creemos que todo se procesa con la mente. Pero no es así. El cuerpo también integra. El cuerpo también necesita tiempo para adaptarse a lo que la conciencia ya eligió.
Después del susto, reaccioné rápido. Dormí bien. Pero al despertar sentí una pequeña ola de angustia que duró unos minutos y se fue. No era miedo. Era descarga. Era mi sistema nervioso terminando de regularse.
Y entendí algo importante: cuando atraviesas un momento vital grande, tu cuerpo se vuelve más protector. Evalúa el entorno. Observa los vínculos. Mide la estabilidad.
Como si preguntara en silencio:
¿Es seguro?
¿Es estable?
¿Es coherente con quien soy ahora?
También he comprendido estos días que cuando eliges tu paz, no todo a tu alrededor se queda quieto. A veces, elegirte mueve estructuras. Reaparecen personas. Se activan memorias. El sistema se sensibiliza.
No porque estés haciendo algo mal.
Sino porque estás avanzando.
Cuando tomas decisiones que te acercan a la vida que quieres construir, todo tu interior revisa si lo que te rodea está alineado con esa versión de ti.
Y ahí estoy.
Observando.
Sin prisa.
Sin huir.
Sin forzar conversaciones que no tienen que ocurrir todavía.
Antes, para protegerme, tuve que alejarme de todo. Hoy no necesito hacerlo. Puedo quedarme, mirar y decidir con calma.
Sentirme rara no es retroceso. Es transición.
No estoy en caos. Estoy en reorganización.
Sigo teniendo claro que no quiero volver al pasado. Sigo sabiendo que mi paz mental es sagrada. Sigo confiando en mi capacidad de sostener conversaciones incómodas sin perderme.
Y también sé que no tengo que resolver todo al mismo tiempo.
Hay momentos para hablar.
Hay momentos para observar.
Y hay momentos para simplemente respirar y permitir que el cuerpo se regule.
Elegir la paz no significa que no haya movimiento.
Significa que, aunque todo se mueva, tú permaneces.
Y hoy, incluso sintiéndome rara, permanezco.
