Mi presente consciente- parte 5
La distancia que escucho
Gloria Estefania Leandro Campos
2/5/20261 min read
A veces me siento y me observo.
Repaso cómo vivo lo que me ocurre, cómo lo gestiono, qué siento, cómo respondo. Y en ese ejercicio íntimo de honestidad, me sorprendo. Descubro, sin adornos, que me gusta quién soy.
Los últimos seis años han sido duros. La vida me rompió para sacarme del pozo en el que yo misma me había metido. Me reconstruí pieza por pieza. Y en ese desorden aprendí a reconocerme.
Rompí con mi vida anterior. La solté. La dejé caer.
Y desde los restos, construí.
Me enfrenté a mí sin huir, sin distraerme, sin anestesia. Hubo días en los que el dolor era tan grande que parecía no caber en el cuerpo. Y aun así me quedé. Lloré. Grité. Me quebré. Pero no retrocedí.
Nunca hacia atrás.
Ni siquiera para tomar impulso.
El impulso lo tomé siempre desde el lugar exacto en el que estaba. Con lo que tenía. Con lo que era. Con lo que dolía.
Aprendí a hablarme bonito.
A tratarme con respeto.
A escucharme sin juicio.
A cuidarme como se cuida aquello que se ama de verdad.
Me reconstruí desde mí.
Y en ese proceso descubrí algo más: ahora escucho lo que no se dice. Cuando alguien quiere entrar en mi vida y me habla, escucho también sus silencios. Porque muchas veces la verdad no está en las palabras, sino en la distancia entre lo que se dice y lo que se es.
Es normal que no entiendan cuando digo no. Creen que me están conquistando con palabras que ellos mismos se creen. Porque desean ser lo que dicen.
Pero de querer a ser hay una distancia.
Y esa distancia es la que escucho.
No siempre puedo explicarla. Para la otra persona resulta algo incomprensible. Pero yo ya no necesito justificar lo que siento cuando algo no me encaja.
Hoy confío en lo que percibo.
Confío en lo que siento.
Y elijo desde ahí.
Y cuando me observo, ya no busco errores que corregir, sino verdad que sostener.
Me reconozco.
Me gusto.
Y eso me da paz.
