Mi presente consciente- parte 7
El día que entendí lo que mi cuerpo estaba diciendo
Gloria Estefania Leandro Campos
2/19/20262 min read
Hace meses empecé a sentir un bloqueo que no sabía explicar.
No sabía exactamente de dónde venía, pero sí tenía una sensación muy clara: algo dentro de mí se había detenido.
Por eso decidí hacer un viaje que siempre había querido hacer sola. Fue una experiencia muy buena: me ayudó a reconectar conmigo misma, a escucharme y a salir de la rutina. Sin embargo, cuando volví, el bloqueo seguía ahí.
Entonces decidí apuntarme a clases de baile, algo que siempre había querido hacer. Pensé que mover el cuerpo, aprender algo nuevo y salir de mi zona de confort podría ayudarme. Y en parte lo hizo. Pero también empezó a generarme algo de estrés y frustración. Me siento rígida como un palo y, aunque creo que he avanzado, no tanto como me gustaría. A veces la autoexigencia aparece cuando una quiere hacerlo bien, y eso también forma parte del proceso.
Hace una semana tomé otra decisión: volver al gimnasio. Lo hice por algo personal que estoy empezando en mi vida. Empecé con pesas y también con clases que me ayuden a trabajar la flexibilidad y a conectar el cuerpo con la mente. Mi objetivo inicial era claro: trabajar ese bloqueo.
Durante las semanas anteriores había estado bastante ansiosa. Notaba más rigidez en el cuerpo y dolor en una contractura en el trapecio y el romboide. Incluso me despertaba por las mañanas con inflamación en esa zona y con la sensación de tener el cortisol alto, como si mi cuerpo estuviera en alerta desde primera hora del día.
Mirándolo ahora con perspectiva, parece que todo ha seguido una especie de camino. Primero detecté ese bloqueo interno difícil de identificar. Después vino el viaje sola, que me ayudó a reconectar emocionalmente conmigo misma. Luego empecé con el baile, que fue positivo, pero también despertó cierta frustración y autoexigencia. Con el tiempo aparecieron la ansiedad, la rigidez, el empeoramiento de la contractura y esa sensación de despertarme con el cuerpo en tensión.
Lo curioso es que, al añadir el gimnasio —pesas, movilidad y trabajo de flexibilidad—, he notado un cambio bastante claro. La ansiedad ha disminuido, el dolor de la contractura también, la rigidez ha bajado y esa sensación de despertarme con el cuerpo en alerta ha reducido significativamente.
Pero hay algo más que he empezado a entender recientemente.
Hay algo importante que estoy empezando a asumir en mi vida.
Un deseo.
Y también un cambio grande.
Siento que todo este proceso —el viaje, el baile, el gimnasio y el trabajo con mi cuerpo— forma parte, de alguna manera, de prepararme y reconectar conmigo misma para ese camino.
Después de escribir y de hablar sobre cómo me siento, me di cuenta de algo: probablemente ese bloqueo tiene mucho que ver con ese deseo. Es un deseo que cambiaría mi vida completamente y, sin darme cuenta, quizá lo he estado tapando pensando que lo estaba gestionando bien.
A veces creemos que estamos gestionando bien los cambios de nuestra vida.
Pero el cuerpo suele detectarlos antes que la mente.
Y es entonces cuando aparecen los bloqueos, el estrés y la ansiedad, porque el cuerpo entra en modo alerta.
Quizá todo este proceso no era tanto un bloqueo.
Quizá era simplemente mi cuerpo intentando decirme algo.
Una forma de prepararme para algo que, en el fondo, ya estaba empezando a tomar forma dentro de mí.
