Hace tiempo que escribo y comparto textos en redes sociales, pero sentí que necesitaba un espacio más íntimo, donde pudiera explorar mi voz y mi experiencia sin filtros. La decisión de crear este blog la tomé en el avión, durante mi último viaje del 2025. Mientras miraba las nubes pasar y leía un libro que me inspiró, supe que era el momento de dar este paso.
A veces cuesta mucho poner en palabras cómo me he sentido en distintos momentos de mi vida, o incluso hoy, sin que nadie se sienta herido. Últimamente me detengo a pensar en cómo contar mi historia de manera que quede claro que no se trata de un juicio ni de un reproche, sino simplemente de mi experiencia.
Compartir lo que siento se ha convertido para mí en un acto de cuidado: una forma de terapia, de sanación, de crecimiento y de abrazar mi propia verdad.
No busco validación ni la opinión de nadie sobre lo que digo o hago. Y no es por invalidar a los demás, sino porque cada persona habla desde sus propias heridas, traumas y creencias, adquiridas desde su gestación y a lo largo de su vida. Eso no tiene que ver conmigo, sino con lo que cada quien ha recibido en su camino.
Al final, se trata de honrar mi experiencia y mis emociones, sin cargar con la necesidad de que otros las comprendan o las aprueben. Mi verdad es mía, y cuidarla también es una forma de respetar la de los demás.
Escribo para mí, y al hacerlo, espero que quien me lea encuentre un pequeño espacio para reconocer y abrazar su propia verdad.

