Cuando el cuerpo suelta
El agotamiento que aparece cuando el modo supervivencia se apaga.
2/27/20261 min read
Hoy, por fin, puedo respirar.
Relajarme.
Después de casi dos semanas.
Y mi cuerpo lo sabe antes que mi mente.
En cuanto bajé la guardia apareció un malestar suave, extendido, como cuando parece que estás incubando una gripe. Pero no es eso. No estoy enferma.
Es mi sistema nervioso soltando.
Bajando de la hiperactivación después de dos semanas en modo alerta.
Primero fue el susto.
Después, el proceso de expulsión y la gestión de todas las emociones que vinieron detrás.
Y por último, la espera.
Ese tiempo incierto donde todo está en pausa, pero tú no.
Dos semanas sosteniendo.
Cuando el cuerpo vive en alerta no siempre notas el desgaste en el momento. Funcionas. Resuelves. Gestionas. Te mantienes firme.
Pero cuando por fin todo se calma, el sistema baja…
y entonces sí se siente.
Soltar también cansa.
Esta tarde estaba en clase de salsa, algo que me encanta, que normalmente me llena de energía y, sin embargo, solo quería volver a casa.
Darme una ducha caliente.
Ponerme el pijama.
Desconectar del mundo.
Hacerme pequeña en un lugar seguro.
Y entendí que no era tristeza.
No era apatía.
Era agotamiento.
Mi cuerpo está terminando de salir del estado de supervivencia.
Ahora solo necesito darme permiso para descansar.
No exigirme volver rápido a la normalidad.
No demostrar nada.
No ser fuerte todo el tiempo.
Porque recuperarse también es parte del proceso.
Porque el sistema necesita tiempo para volver al equilibrio.
Y esta vez descansar no es rendirse.
Es cuidarme.
Es escucharme.
Es sanar.